por Joan Ortín Meneses | 12, Nov 2013
El universo de los Kahuna y el HO’OPONOPONO
El Dr. Ihaleakala Hew Len, jefe del servicio de psiquiatría de la unidad criminal forense de enfermos mentales del Hospital Estatal de Hawaii, se hizo famoso porque consiguió sanar y dar de alta a todo un pabellón completo de enfermos mentales y criminales peligrosos aplicando una técnica ancestral de sanación, todo ello sin ver ni atender personalmente en su consulta a un solo paciente.
Esta increíble hazaña la realizó en el transcurso de 4 años y no solamente dio de alta a los enfermos y criminales recluidos, sino que durante ese tiempo la calidad en el trabajo de los empleados del hospital aumentó significativamente y descendió el absentismo laboral causado por depresión, y desmotivación.
Un artículo decía que el Dr. Len estudiaba la ficha del preso en su despacho o consulta, mientras meditaba en silencio mirando en su interior, con el fin de ver de cómo él había creado la enfermedad de esa persona, asumiendo la responsabilidad absoluta de la enfermedad del paciente. A medida que el Dr. Len mejoraba sus pensamientos sobre el paciente, éste también mejoraba. Mientras leía los expedientes médicos iba trabajado sobre sí mismo y mientras él trabajaba sobre sí mismo los pacientes comenzaban a curarse. Tras unos pocos meses de trabajo interior los pacientes que estaban atados con correa recibieron permiso para caminar libremente, otros enfermos que estaban más delicados empezaron a recibir y a aceptar su medicación y poco a poco comenzaron a mejorar y a darse de alta todos los pacientes. Hoy en día ese pabellón permanece cerrado.
Quizás toda esta historia hubiera quedado en una leyenda urbana de no haber sido por Joe Vitale, conocido por algunos de sus libros superventas y su aparición en la película “el Secreto” sobre la ley de la atracción. Fue Joe Vitale quien se interesó por esta alucinante historia, y decidió investigar sobre la sorprendente y misteriosa técnica que utilizó el Dr. Ihaleakala Hew Len, visitándolo en su domicilio, realizando posteriormente diferentes artículos y editando el libro “Cero Límites” en el que explicaba la poderosa técnica que había utilizado el Dr. Len. Esa técnica maravillosa no era otra que una revisión actual de una práctica ancestral hawaiana llamada ho’oponopono.
Los indígenas Huna de Hawái practicaban una técnica cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, llamada ho’oponopono. La traducción literal de Ho’oponopono es “corrección de un error”. Esta técnica era usada por los sacerdotes Kahuna, los guardianes del secreto, para la resolución de los conflictos que se daban entre los componentes de una tribu. Se requería que todos los implicados en el conflicto estuvieran presentes, y se daba la oportunidad de exponer a cada parte implicada su visión de lo acaecido, hasta llegar a una resolución pacífica y en armonía según sus convicciones y premisas.
Al día de hoy esta técnica ha llegado gracias a la Kahuna Mornah Simeone, de quien fue alumno el Dr. Hew Len, quien ha enseñado el método ho’oponopono dando talleres y cursos por todo el mundo e incluso lo ha enseñado en varias ocasiones en el Edificio de la Naciones Unidas. Otro conocido kahuna hawaiano es Serge Kahili King. Ha divulgado la ancestral sabiduría hawaiana en todo el mundo. En nuestro país ha sido difundido en libros y en cursos por Mabel Katz, Mª Jose Cabanillas, Maria Carmen Martinez, Cipriano Toledo, y otros autores, entre los que me incluyo, pues en mis talleres, y en mi consulta, combino el ho’oponopono con técnicas como la PNL (programación neurolingüística) y el Tapping.
El ho’oponopono del que voy a hablar, que es el que ha llegado a nuestros días, es un poco diferente al ho’oponopono tradicional. A la versión moderna o actual del ho’oponopono se le llama Ho’oponopono Auto-Identidad y es una modificación del anterior, y pretende crear un puente de comunicación entre nuestro Yo y la Divinidad. Podríamos entonces decir, quizás que es un mecanismo para reconciliar nuestro profundo conflicto interior con la divinidad, armonizando la relación entre nuestra mente consciente, nuestra mente subconsciente, nuestra mente supraconsciente, y la mente divina. O lo que según una opinión muy personal sería la armonización entre nuestro ego, nuestro cuerpo, nuestra esencia y el universo.
Cuando al Dr. Len le preguntan cómo hizo para curar a todos esos enfermos mentales peligrosos, él nos explica con sus propias palabras que “yo simplemente estaba curando aquella parte que había en mi que los había creado, porque entiendo que la total responsabilidad de nuestra vida implica todo lo que está en nuestra vida por el simple hecho de estar en nuestra vida, y es por esta razón nuestra responsabilidad”. Lo que el Dr. Len nos está diciendo es que todo lo que está en tu mundo, todo lo que ves y escuchas, simplemente por estar ahí y por el hecho de que lo estás viendo, es TU creación.
La premisa fundamental del Ho’oponopono se basa principalmente en que debo asumir el 100% de responsabilidad de mi vida. Hablamos de un aspecto profundo de responsabilidad, sin entrar en emociones poco elevadas como la culpabilidad. La culpa no tiene nada que ver, no existe en esta técnica.
Si asumo la completa responsabilidad de mi vida, de mi mundo, entonces todo lo que veo y escucho, saboreo, toco, y experimento de cualquier forma es mi responsabilidad, simplemente porque está en mi vida. Posiblemente esto es un hueso duro de roer, uno se dice: ¿yo responsable toda las espantosas cosas que me dicen cada día en las noticias? ¿Soy responsable de mi enfermedad? ¿Responsable del desahucio de mi vecino? Si asumes esta responsabilidad al 100% tu realidad cambiará, solo por hacerte consciente de este hecho.
Son varios los personajes históricos y seres elevados los que se han hecho absolutamente responsables de su realidad. A modo de ejemplo, y más allá de religiones, recordemos como Jesucristo se responsabilizó de los pecados del hombre, Ghandi se responsabilizó él solo de la ocupación Británica de la India, y Nelson Mandela asumió la absoluta responsabilidad de la discriminación racial en su país.
Según los antiguos kahunas, el universo debía ser siempre lo más perfecto y armonioso posible. Si el universo estaba bien, repleto de amor, entonces todas las cosas que lo conformaban estaban bien, estaban repletas de amor y armonía. Incluidas cada una de las personas que lo habitaban, y eso por ende beneficia al ser individual. Cualquier cosa del universo que estuviera enfermo, o imperfecto, fuera un animal, una planta o árbol, una persona, las relaciones entre las tribus, fuera lo que fuese, entonces debía ser sanada para que uno mismo pudiera beneficiarse de esa sanación.
Mediante la técnica del ho’oponopono y haciéndose absolutamente responsable uno mismo de las imperfecciones y enfermedades de ese universo y asumiendo que ese universo está creado en el pensamiento de cada kahuna, entonces si limpiamos aquellos pensamientos (que hacen imperfecta la realidad proyectada por nuestras creencias) limpiamos nuestra realidad. Sanamos nuestro mundo, nos sanamos nosotros mismos. Podríamos asumir incluso, aunque ese es otro debate, que el ho’oponopono es una técnica egoísta de superación personal.
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por Joan Ortín Meneses | 6, Oct 2013
Cada vez son más las personas que piensan, o creen que la realidad va mas allá de lo que se ve o de lo que se palpa. Personalmente, yo era uno de esos escépticos, que pensaban que lo que no se ve no debía tomarlo en cuenta. Pero cada vez los hechos y las evidencias me demuestran que aquello que perciben nuestros sentidos básicos no es más que una ínfima parte de lo que realmente sucede en nuestra realidad.
La física tradicional newtoniana definía el átomo como la partícula de materia indivisible más pequeña que se conocía, formado por un núcleo y sus electrones girando alrededor y la energía sólo se concebía como esa fuerza que unía esos dos elementos, o que movía los objetos y cambiaba el estado físico de la materia.
Hoy en día sabemos que la energía es mucho más que eso. Es mucho más que una fuerza exterior ejercida sobre la materia, sabemos que la energía permanece en el entramado mismo de lo material y es intrínseca e inherente a todo aquello que nos rodea. Incluido los pensamientos, las emociones, nuestro cuerpo, nuestro entorno y lo que nos sucede en nuestra vida.
Einstein disparó en la línea de flotación de la física de Newton cuando demostró con su famosa ecuación E=mc2 que la materia y la energía están tan intrínsecamente unidas que resultan ser lo mismo. Los científicos observaron que la luz podía comportarse a veces como una onda y a veces como una partícula. Comprender que los componentes fundamentales de nuestro llamado mundo físico son tanto ondas (energía) como partículas (materia), dependiendo de la mente del observador
o lo que es lo mismo, de nuestras propias creencias, nos lleva a pensar que materia o energía serán una cosa u otra, o ambas en conjunto, dependiendo de cómo piense el individuo en particular. Si tú crees que solo es cierto lo que se ve, así será tu realidad. Si tú piensas, por el contrario, que en lo que se ve existe energía, las oportunidades se disparan. El campo de las infinitas posibilidades aparece ante ti.
La física tradicional hablaba de átomos hechos de materia sólida, sin embargo la física cuántica nos dice que el átomo se compone principalmente de espacio vacío, de energía. El átomo y la nube de electrones, que más que materia, obedece a ondas de probabilidades infinitas y que la nube de electrones se manifiesta según la atención del científico observador. El átomo se compone de un 99,99999% de energía y de un 00,00001%
de materia. La física cuántica nos sugiere que nuestra vida, nuestro mundo, nuestra realidad no está compuesta sólo de materia, sino de campos energéticos o de patrones de frecuencia de información. Por lo cual podríamos decir que la materia es más “nada” que “algo”.
Si el universo es fractal, es decir una estructura que se repite en diferentes escalas hasta el infinito, entonces lo que vemos es sólo el 00,00001% y detrás existe un mundo energético que no podemos ver que implica el 99,99999% restante.
Sin embargo, los escépticos (yo cada vez lo soy menos) seguimos empeñados en cambiar nuestra realidad aplicando esfuerzos en lo material, cuando lo deberíamos hacer sobre aquella parte que domina el 99,99999% de nuestro universo.
Que tal si empezamos a cambiar de idea, y empezamos a tropezar en otro tipo de piedras?
por Joan Ortín Meneses | 25, Feb 2013
Transistores, microondas, el láser, los lectores de CD, el efecto fotoeléctrico de las puertas automáticas, y otros electrodomésticos con los que convivimos son producto de la mecánica cuántica.
La física cuántica es un conjunto de postulados y teorías que nos describe cómo se comportan las partículas fundamentales. Estas partículas fundamentales, que son las más pequeñas conocidas, muchísimo mas pequeñas que el átomo, que estaría compuesto de un núcleo, electrones, protones, neutrones, neutrinos, bosones, etc. Estas partículas, los cuantos, tienen un comportamiento extraordinario, casi mágico. Pueden tele-transportarse, atravesar paredes e incluso pueden estar en varios sitios a la vez. Todos estos fenómenos los describe y estudia la física cuántica.
Según la física cuántica, la realidad última no está determinada, no está bien definida. Las partículas fundamentales, pueden elegir múltiples direcciones en el mismo tiempo, estas facultades están descritas en lo que físicos llaman el principio de superposición.
Esta capacidad de los cuarks de estar en dos sitios a la vez o de moverse en direcciones opuestas al mismo tiempo, que nos describe la física cuántica queda definida en el mismo momento que prestamos atención a una de esas realidades.
Qué es lo que hace que la realidad se defina en el preciso instante en que la observamos a nivel microscópico, es la gran pregunta para la que aun no tienen respuesta los científicos.
Nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones están formadas por las mismas partículas fundamentales que el universo. Toda nuestra realidad, entorno, nuestras decisiones, objetivos, todo lo que sucede en cada instante está sometido a las leyes que la física cuántica está investigando.
Saber que si piensas en algo y pones tu atención en ese punto, puede llevar a determinar nuestra realidad, te hace ser responsable con tus pensamientos, actitudes y focalización. No pongamos el foco en lo que no deseamos, estaremos, de alguna forma materializándolo.
Pura física cuántica.
por Joan Ortín Meneses | 4, Dic 2012
Has decidido dar un paso, empezar tu nuevo proyecto, una nueva empresa, una transformación de tu vida, quizás un viaje inspirador, o simplemente un nuevo reto.
Lo comunicas con ilusión, vehemencia, y pasión a tu entorno, a tus seres queridos, amigos, familia. A tu clan, tu tribu. Es muy probable que no encuentres la respuesta que esperabas. Posiblemente, ellos lo vean un disparate, una falta de cordura. Si es así no te preocupes.
Compréndelo, ellos temen perderte, porque la tribu no puede permitirse perder a uno de sus integrantes, es la ley de la supervivencia que aún queda marcada en sus ancestros, en nuestros ancestros. Está escrito en nuestros genes que debemos permanecer unidos y todos a una, para crecer juntos, crear una tribu grande y unida para sobrevivir en un territorio muchas veces convulso, invadido. Pero los tiempos han cambiado, ahora nuestro trabajo, nuestro desarrollo pleno, nuestra misión, es un camino interior hacia un destino incierto, en el que la individualidad pesa más que el grupo.
Deberás comprender sus miedos iniciales, incluso sus boicoteos, lo hacen porque te quieren. Te quieren ver cerca de ellos y haciendo lo que hacen ellos. Es una reacción normal, y deberemos saber decir NO a sus frenos, y cortar el cordón umbilical para salir volando hacia nuestro futuro. No los culpes, trátalos con Amor.
por Joan Ortín Meneses | 21, Nov 2012
Durante millones de años el ser humano desarrolló su cerebro en un ambiente hostil, donde era acechado por incontables peligros: bichos, grandes carnívoros, guerras tribales, etc.
El cerebro de los primeros hombres tenía la capacidad de alertarle de los peligros que les rodeaban, de llamarles la atención ante cualquier posible señal que pudiera ocasionar un peligro en sus vidas. Del mismo modo, su cerebro aceptaba como normal las cosas que no eran peligrosas. Las cosas buenas no destacaban para sus cerebros, puesto que no atentaban contra su seguridad. Así ha sido desde que éramos monos hasta hoy día.
Posiblemente, aquellos monos, cuando veían una flor bonita, no se paraban a admirarla ni a reflexionar sobre la belleza, sino que miraban detrás para asegurarse que no había una serpiente que les mordiera. Lógicamente, y por suerte nuestro entorno habitual ya no es peligroso, pero nos ha quedado esa forma de pensar tan típica de nuestra especie.
Quizás por eso debemos comprender que siempre tenemos tendencia a ver lo negativo de las cosas, y cuesta tanto, a veces, ver lo positivo.
Esta es una posible explicación a nuestra manera pesimista de ver las cosas. Yo no estuve en aquellas épocas para corroborarlo.