El universo de los Kahuna y el HO’OPONOPONO

El Dr. Ihaleakala Hew Len, jefe del servicio de psiquiatría de la unidad criminal forense de enfermos mentales del Hospital Estatal de Hawaii, se hizo famoso porque consiguió sanar y dar de alta a todo un pabellón completo de enfermos mentales y criminales peligrosos aplicando una técnica ancestral de sanación, todo ello sin ver ni atender personalmente en su consulta a un solo paciente.

Esta increíble hazaña la realizó en el transcurso de 4 años y no solamente dio de alta a los enfermos y criminales recluidos, sino que durante ese tiempo la calidad en el trabajo de los empleados del hospital aumentó significativamente y descendió el absentismo laboral causado por depresión, y desmotivación.

Un artículo decía que el Dr. Len estudiaba la ficha del preso en su despacho o consulta, mientras meditaba en silencio mirando en su interior, con el fin de ver de cómo él había creado la enfermedad de esa persona, asumiendo la responsabilidad absoluta de la enfermedad del paciente. A medida que el Dr. Len mejoraba sus pensamientos sobre el paciente, éste también mejoraba. Mientras leía los expedientes médicos iba trabajado sobre sí mismo y mientras él trabajaba sobre sí mismo los pacientes comenzaban a curarse. Tras unos pocos meses de trabajo interior los pacientes que estaban atados con correa recibieron permiso para caminar libremente, otros enfermos que estaban más delicados empezaron a recibir y a aceptar su medicación y poco a poco comenzaron a mejorar y a darse de alta todos los pacientes. Hoy en día ese pabellón permanece cerrado.

Quizás toda esta historia hubiera quedado en una leyenda urbana de no haber sido por Joe Vitale, conocido por algunos de sus libros superventas y su aparición en la película “el Secreto” sobre la ley de la atracción. Fue Joe Vitale quien se interesó por esta alucinante historia, y decidió investigar sobre la sorprendente y misteriosa técnica que utilizó el Dr. Ihaleakala Hew Len, visitándolo en su domicilio, realizando posteriormente diferentes artículos y editando el libro “Cero Límites” en el que explicaba la poderosa técnica que había utilizado el Dr. Len. Esa técnica maravillosa no era otra que una revisión actual de una práctica ancestral hawaiana llamada ho’oponopono.

Los indígenas Huna de Hawái practicaban una técnica cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, llamada ho’oponopono. La traducción literal de Ho’oponopono es “corrección de un error”. Esta técnica era usada por los sacerdotes Kahuna, los guardianes del secreto, para la resolución de los conflictos que se daban entre los componentes de una tribu. Se requería que todos los implicados en el conflicto estuvieran presentes, y se daba la oportunidad de exponer a cada parte implicada su visión de lo acaecido, hasta llegar a una resolución pacífica y en armonía según sus convicciones y premisas.

Al día de hoy esta técnica ha llegado gracias a la Kahuna Mornah Simeone, de quien fue alumno el Dr. Hew Len, quien ha enseñado el método ho’oponopono dando talleres y cursos por todo el mundo e incluso lo ha enseñado en varias ocasiones en el Edificio de la Naciones Unidas. Otro conocido kahuna hawaiano es Serge Kahili King. Ha divulgado la ancestral sabiduría hawaiana en todo el mundo. En nuestro país ha sido difundido en libros y en cursos por Mabel Katz, Mª Jose Cabanillas, Maria Carmen Martinez, Cipriano Toledo, y otros autores, entre los que me incluyo, pues en mis talleres, y en mi consulta, combino el ho’oponopono con técnicas como la PNL (programación neurolingüística) y el Tapping.

El ho’oponopono del que voy a hablar, que es el que ha llegado a nuestros días, es un poco diferente al ho’oponopono tradicional. A la versión moderna o actual del ho’oponopono se le llama Ho’oponopono Auto-Identidad y es una modificación del anterior, y pretende crear un puente de comunicación entre nuestro Yo y la Divinidad. Podríamos entonces decir, quizás que es un mecanismo para reconciliar nuestro profundo conflicto interior con la divinidad, armonizando la relación entre nuestra mente consciente, nuestra mente subconsciente, nuestra mente supraconsciente, y la mente divina. O lo que según una opinión muy personal sería la armonización entre nuestro ego, nuestro cuerpo, nuestra esencia y el universo.

Cuando al Dr. Len le preguntan cómo hizo para curar a todos esos enfermos mentales peligrosos, él nos explica con sus propias palabras que “yo simplemente estaba curando aquella parte que había en mi que los había creado, porque entiendo que la total responsabilidad de nuestra vida implica todo lo que está en nuestra vida por el simple hecho de estar en nuestra vida, y es por esta razón nuestra responsabilidad”. Lo que el Dr. Len nos está diciendo es que todo lo que está en tu mundo, todo lo que ves y escuchas, simplemente por estar ahí y por el hecho de que lo estás viendo, es TU creación.

La premisa fundamental del Ho’oponopono se basa principalmente en que debo asumir el 100% de responsabilidad de mi vida. Hablamos de un aspecto profundo de responsabilidad, sin entrar en emociones poco elevadas como la culpabilidad. La culpa no tiene nada que ver, no existe en esta técnica.

Si asumo la completa responsabilidad de mi vida, de mi mundo, entonces todo lo que veo y escucho, saboreo, toco, y experimento de cualquier forma es mi responsabilidad, simplemente porque está en mi vida. Posiblemente esto es un hueso duro de roer, uno se dice: ¿yo responsable toda las espantosas cosas que me dicen cada día en las noticias? ¿Soy responsable de mi enfermedad? ¿Responsable del desahucio de mi vecino? Si asumes esta responsabilidad al 100% tu realidad cambiará, solo por hacerte consciente de este hecho.

Son varios los personajes históricos y seres elevados los que se han hecho absolutamente responsables de su realidad. A modo de ejemplo, y más allá de religiones, recordemos como Jesucristo se responsabilizó de los pecados del hombre, Ghandi se responsabilizó él solo de la ocupación Británica de la India, y Nelson Mandela asumió la absoluta responsabilidad de la discriminación racial en su país.

Según los antiguos kahunas, el universo debía ser siempre lo más perfecto y armonioso posible. Si el universo estaba bien, repleto de amor, entonces todas las cosas que lo conformaban estaban bien, estaban repletas de amor y armonía. Incluidas cada una de las personas que lo habitaban, y eso por ende beneficia al ser individual. Cualquier cosa del universo que estuviera enfermo, o imperfecto, fuera un animal, una planta o árbol, una persona, las relaciones entre las tribus, fuera lo que fuese, entonces debía ser sanada para que uno mismo pudiera beneficiarse de esa sanación.

Mediante la técnica del ho’oponopono y haciéndose absolutamente responsable uno mismo de las imperfecciones y enfermedades de ese universo y asumiendo que ese universo está creado en el pensamiento de cada kahuna, entonces si limpiamos aquellos pensamientos (que hacen imperfecta la realidad proyectada por nuestras creencias) limpiamos nuestra realidad. Sanamos nuestro mundo, nos sanamos nosotros mismos. Podríamos asumir incluso, aunque ese es otro debate, que el ho’oponopono es una técnica egoísta de superación personal.

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