por Joan Ortín Meneses | 2, Dic 2013
La esencia divina propone que la motivación del Ser se eleva por encima de la actitud de la persona, que es imparable e innegable la voluntad de lo que por encima del hombre está dispuesto. Es inútil pretender desde la voluntad individual trazar un plan si ese plan no está antes diseñado por la fuente universal. Debemos permanecer alerta y despiertos a las señales que en nuestra vida se presentan y no dudar del origen esencial de ellas. El Amor que todo lo dicta no impone con urgencias, pero si con determinación, la labor y misión de cada uno de los que en la Tierra habitamos está impresa en nuestras memorias y requerirá de una mejora, un desarrollo de nuestro propio ser, de transformarnos en la mejor versión de nosotros mismos. Si nuestra misión no se realiza, la ausencia y el vacío será como un manto que se extiende sobre nuestra vida, y la tristeza del ser se manifestará sin duda, pero si por el contrario aceptamos con vigor y resolución aquello que de forma Superior ha sido dispuesto, la alegría, la luz, y el brillo intenso de la bondad vendrá a nosotros, en definitiva la abundancia de amor impregnará nuestra vida. Nuestra realidad.
No permanecer consciente de esta verdad ya no es una opción, puesto que las señales, el conocimiento, y los indicios de que tenemos una labor superior están ya a la vista de todas las personas del planeta. La consciencia de lo Único es ya un simple y divertido juego que se extiende sobre el tablero de nuestra vida. Encontrar y realizar nuestra misión se convierte en un divertido y amoroso reto que nos lleva a dar pasos en la dirección que el río de la vida nos marca. Este juego nos llena de alegría, bondad, y nos une irremediablemente a nuestros semejantes, quienes no son más que una expresión de nosotros mismos. Comprenderemos que ellos están en mi y yo en ellos y que no nos separa nada más que intenciones diferentes, y que el sentido de nuestras vidas esta unido por aquello que cada ser dispuso antes de que olvidara que permanecimos unidos algún día. A medida que ese juego se desarrolle recordaremos que alguna vez, en Esencia, todos los semejantes fuimos Uno. Que no hay diferencias entre los hombres y que nuestra misión es un precioso damero con el que disfrutaremos resolviendo el juego de la vida. Ése es el plan.
por Joan Ortín Meneses | 26, Nov 2013
La fuente divina, nos mantiene unidos en una especie de matriz
universal, mientras cada uno de los seres que habitamos la tierra en nuestros cuerpos materiales se dispone a realizar los trabajos encomendados. Pequeños mundos en cada uno de esos seres discurren con total normalidad, mientras el gran corazón late sin alterarse. Todas las circunstancias que ocurren no son hechos aislados sino que obedecen a una maquinaria universal que está en funcionamiento desde el inicio de los tiempos. Esa maquinaria permanecerá inalterable de forma infinita y hasta que se cumpla lo establecido, que no es otra cosa que el fin de la oscuridad. El Amor es lo que mantiene unido todos esos pequeños mundos que son esos seres que conforman el útero cósmico, el Amor es la materia prima de todo lo que nos rodea, y sin esa materia no se entiende el Universo. Flotamos en Amor, trabajamos en Amor, nos relacionamos a través del Amor, creamos mediante el Amor. Cualquier circunstancia que se plantea en el Universo esta basada en el Amor, y el Amor se ubica en el centro de cada uno de los corazones de los seres que forman el Universo. También ocurre que en circunstancias el Amor desciende de intensidad, para dar paso a las sombras, al temor, y entonces ocurre la magia, pues sin esos jirones de temor, el Amor dejaría de tener sentido. De hecho el temor es un instrumento más del Amor, está a su servicio para darle impulso. Nota que, cuando vives en algunas circunstancias en base al temor, la única solución que se plantea para conseguir tus designios es aumentando el volumen de Amor.
Durante tiempos inmemoriales el hombre a discurrido la manera de sentir el privilegio de la vida, de sentirse el único ser con capacidad de dominio en el mundo, pero las circunstancias han revelado que eso no es así. Ahora más que nunca sabemos que el paradigma ha cambiado. No es el hombre el centro del universo, sino el gran espíritu. La gran luz que todo lo absorbe, la energía única que da vida a todo el cosmos, lo que llamamos unos y otros de diferentes maneras, aunque sabemos que es lo mismo. Algunos le llama dios, otros padre, otros energía universal, la fuente, la divina presencia, la luz. No importa el nombre que le demos, pero de lo que somos conscientes cada vez más, es de que ese gran espíritu toma relevancia y arrebata en nuestras conciencias, en nuestro interior, la supremacía que el hombre creía tener en la tierra.
Cada vez integramos más en nuestra consciencia que el hombre , el Ser, da paso a lo Único. Al gran hilo que hilvana nuestros pequeños corazones. Damos paso, de alguna manera, a la conciencia única, la conciencia universal.
Esto que tan claro y diáfano se expone ante nuestra mirada, provoca en nuestra mente un gran temor e inestabilidad, porque en apariencia dejamos de mantener el control sobre nuestro destino, ahora el nuevo paradigma, el nuevo orden de lo establecido nos deja sin ese poder que nos habíamos otorgado. De repente sabemos que debemos dejarnos llevar por esa gran fuerza que es la energía de lo divino.
Ya no dispondremos según creamos «conveniente», sino que nos dejaremos «llevar» por el río de la vida. Nos dejaremos fluir, sin luchar, por el torrente de lo adecuado, de lo que en lo mas profundo de nosotros mismos sabemos que debemos hacer.
Ese es el dictado del Gran Espíritu. Y estar en sintonía con él, es la forma en que el hombre mirará su futuro. Porque sabe que dejarse llevar por ese torrente que es la vida, es lo mejor para él, y es aquello que lo hará pleno y feliz.
No olvidemos ni un solo instante como perspectiva de vida, que la ayuda, colaboración y soporte a cualquier ser que, como nosotros permanece en este útero cósmico, redunda en nuestro propio beneficio, y que esa es la única forma de egoísmo que debemos permitirnos para que el Amor se mantenga por encima de todas las energías entre las que «flotamos» y que de esa manera fortalezca aquello que es intrínseco a nosotros mismos y que fortalece al Gran espíritu. Deberemos transformar con nuestro Amor cualquier emoción dolorosa que sintamos en nuestra realidad. Tanto nuestra, como de cualquier otro ser que nos acompaña en nuestro camino. Seremos plenos y felices, en la medida en que todos seamos plenos y felices. Y ésa es la nueva realidad que se nos presenta.
No todos los seres que en este mundo comparten el Amor que fluye de este gran Universo tienen presente en su día a día esta gran premisa que se eleva sobre nuestras consciencias, como un sol en el amanecer, y por eso es nuestra misión hacerles saber que ese sol que esta saliendo por el horizonte está allá para darles confort, para que sientan la presencia del Gran Espíritu, y para recordarles que la vida está ahí para respirar hondo y disfrutarla, y no rechazarla. Si todos respiramos esa luz que se cierne sobre nuestros destinos, más fuerte brillará, más luz derramará sobre nuestras pequeñas vidas, y más calor dará a nuestros enormes corazones. Ojalá todo ser humano vea brillar con ese ímpetu, con esa pureza, con ese brillo dorado, la fuerza que proclama con su Amor la plenitud del ser humano.
por Joan Ortín Meneses | 25, Feb 2013
Transistores, microondas, el láser, los lectores de CD, el efecto fotoeléctrico de las puertas automáticas, y otros electrodomésticos con los que convivimos son producto de la mecánica cuántica.
La física cuántica es un conjunto de postulados y teorías que nos describe cómo se comportan las partículas fundamentales. Estas partículas fundamentales, que son las más pequeñas conocidas, muchísimo mas pequeñas que el átomo, que estaría compuesto de un núcleo, electrones, protones, neutrones, neutrinos, bosones, etc. Estas partículas, los cuantos, tienen un comportamiento extraordinario, casi mágico. Pueden tele-transportarse, atravesar paredes e incluso pueden estar en varios sitios a la vez. Todos estos fenómenos los describe y estudia la física cuántica.
Según la física cuántica, la realidad última no está determinada, no está bien definida. Las partículas fundamentales, pueden elegir múltiples direcciones en el mismo tiempo, estas facultades están descritas en lo que físicos llaman el principio de superposición.
Esta capacidad de los cuarks de estar en dos sitios a la vez o de moverse en direcciones opuestas al mismo tiempo, que nos describe la física cuántica queda definida en el mismo momento que prestamos atención a una de esas realidades.
Qué es lo que hace que la realidad se defina en el preciso instante en que la observamos a nivel microscópico, es la gran pregunta para la que aun no tienen respuesta los científicos.
Nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones están formadas por las mismas partículas fundamentales que el universo. Toda nuestra realidad, entorno, nuestras decisiones, objetivos, todo lo que sucede en cada instante está sometido a las leyes que la física cuántica está investigando.
Saber que si piensas en algo y pones tu atención en ese punto, puede llevar a determinar nuestra realidad, te hace ser responsable con tus pensamientos, actitudes y focalización. No pongamos el foco en lo que no deseamos, estaremos, de alguna forma materializándolo.
Pura física cuántica.