La fuente divina, nos mantiene unidos en una especie de matriz

esencia
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 universal, mientras cada uno de los seres que habitamos la tierra en nuestros cuerpos materiales se dispone a realizar los trabajos encomendados. Pequeños mundos en cada uno de esos seres discurren con total normalidad, mientras el gran corazón late sin alterarse. Todas las circunstancias que ocurren no son hechos aislados sino que obedecen a una maquinaria universal que está en funcionamiento desde el inicio de los tiempos. Esa maquinaria permanecerá inalterable de forma infinita y hasta que se cumpla lo establecido, que no es otra cosa que el fin de la oscuridad. El Amor es lo que mantiene unido todos esos pequeños mundos que son esos seres que conforman el útero cósmico, el Amor es la materia prima de todo lo que nos rodea, y sin esa materia no se entiende el Universo. Flotamos en Amor, trabajamos en Amor, nos relacionamos a través del Amor, creamos mediante el Amor. Cualquier circunstancia que se plantea en el Universo esta basada en el Amor, y el Amor se ubica en el centro de cada uno de los corazones de los seres que forman el Universo. También ocurre que en circunstancias el Amor desciende de intensidad, para dar paso a las sombras, al temor, y entonces ocurre la magia, pues sin esos jirones de temor, el Amor dejaría de tener sentido. De hecho el temor es un instrumento más del Amor, está a su servicio para darle impulso. Nota que, cuando vives en algunas circunstancias en base al temor, la única solución que se plantea para conseguir tus designios es aumentando el volumen de Amor.

Durante tiempos inmemoriales el hombre a discurrido la manera de sentir el privilegio de la vida, de sentirse el único ser con capacidad de dominio en el mundo, pero las circunstancias han revelado que eso no es así. Ahora más que nunca sabemos que el paradigma ha cambiado. No es el hombre el centro del universo, sino el gran espíritu. La gran luz que todo lo absorbe, la energía única que da vida a todo el cosmos, lo que llamamos unos y otros de diferentes maneras, aunque sabemos que es lo mismo. Algunos le llama dios, otros padre, otros energía universal, la fuente, la divina presencia, la luz. No importa el nombre que le demos, pero de lo que somos conscientes cada vez más, es de que ese gran espíritu toma relevancia y arrebata en nuestras conciencias, en nuestro interior, la supremacía que el hombre creía tener en la tierra.

Cada vez integramos más en nuestra consciencia que el hombre , el Ser, da paso a lo Único. Al gran hilo que hilvana nuestros pequeños corazones. Damos paso, de alguna manera, a la conciencia única, la conciencia universal.

Esto que tan claro y diáfano se expone ante nuestra mirada, provoca en nuestra mente un gran temor e inestabilidad, porque en apariencia dejamos de mantener el control sobre nuestro destino, ahora el nuevo paradigma, el nuevo orden de lo establecido nos deja sin ese poder que nos habíamos otorgado. De repente sabemos que debemos dejarnos llevar por esa gran fuerza que es la energía de lo divino.

Ya no dispondremos según creamos “conveniente”, sino que nos dejaremos “llevar” por el río de la vida. Nos dejaremos fluir, sin luchar, por el torrente de lo adecuado, de lo que en lo mas profundo de nosotros mismos sabemos que debemos hacer.

Ese es el dictado del Gran Espíritu. Y estar en sintonía con él, es la forma en que el hombre mirará su futuro. Porque sabe que dejarse llevar por ese torrente que es la vida, es lo mejor para él, y es aquello que lo hará pleno y feliz.

No olvidemos ni un solo instante como perspectiva de vida, que la ayuda, colaboración y soporte a cualquier ser que, como nosotros permanece en este útero cósmico, redunda en nuestro propio beneficio, y que esa es la única forma de egoísmo que debemos permitirnos para que el Amor se mantenga por encima de todas las energías entre las que “flotamos” y que de esa manera fortalezca aquello que es intrínseco a nosotros mismos y que fortalece al Gran espíritu. Deberemos transformar con nuestro Amor cualquier emoción dolorosa que sintamos en nuestra realidad. Tanto nuestra, como de cualquier otro ser que nos acompaña en nuestro camino. Seremos plenos y felices, en la medida en que todos seamos plenos y felices. Y ésa es la nueva realidad que se nos presenta.

No todos los seres que en este mundo comparten el Amor que fluye de este gran Universo tienen presente en su día a día esta gran premisa que se eleva sobre nuestras consciencias, como un sol en el amanecer, y por eso es nuestra misión hacerles saber que ese sol que esta saliendo por el horizonte está allá para darles confort, para que sientan la presencia del Gran Espíritu, y para recordarles que la vida está ahí para respirar hondo y disfrutarla, y no rechazarla. Si todos respiramos esa luz que se cierne sobre nuestros destinos, más fuerte brillará, más luz derramará sobre nuestras pequeñas vidas, y más calor dará a nuestros enormes corazones. Ojalá todo ser humano vea brillar con ese ímpetu, con esa pureza, con ese brillo dorado, la fuerza que proclama con su Amor la plenitud del ser humano.

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