La esencia divina propone que la motivación del Ser se eleva por encima de la actitud de la persona, que es imparable e innegable la voluntad de lo que por encima del hombre está dispuesto. Es inútil pretender desde la voluntad individual trazar un plan si ese plan no está antes diseñado por la fuente universal. Debemos permanecer alerta y despiertos a las señales que en nuestra vida se presentan y no dudar del origen esencial de ellas. El Amor que todo lo dicta no impone con urgencias, pero si con determinación, la labor y misión de cada uno de los que en la Tierra habitamos está impresa en nuestras memorias y requerirá de una mejora, un desarrollo de nuestro propio ser, de transformarnos en la mejor versión de nosotros mismos. Si nuestra misión no se realiza, la ausencia y el vacío será como un manto que se extiende sobre nuestra vida, y la tristeza del ser se manifestará sin duda, pero si por el contrario aceptamos con vigor y resolución aquello que de forma Superior ha sido dispuesto, la alegría, la luz, y el brillo intenso de la bondad vendrá a nosotros, en definitiva la abundancia de amor impregnará nuestra vida. Nuestra realidad.

No permanecer consciente de esta verdad ya no es una opción, puesto que las señales, el conocimiento, y los indicios de que tenemos una labor superior están ya a la vista de todas las personas del planeta. La consciencia de lo Único es ya un simple y divertido juego que se extiende sobre el tablero de nuestra vida. Encontrar y realizar nuestra misión se convierte en un divertido y amoroso reto que nos lleva a dar pasos en la dirección que el río de la vida nos marca. Este juego nos llena de alegría, bondad, y nos une irremediablemente a nuestros semejantes, quienes no son más que una expresión de nosotros mismos. Comprenderemos que ellos están en mi y yo en ellos y que no nos separa nada más que intenciones diferentes, y que el sentido de nuestras vidas esta unido por aquello que cada ser dispuso antes de que olvidara que permanecimos unidos algún día. A medida que ese juego se desarrolle recordaremos que alguna vez, en Esencia, todos los semejantes fuimos Uno. Que no hay diferencias entre los hombres y que nuestra misión es un precioso damero con el que disfrutaremos resolviendo el juego de la vida. Ése es el plan.

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