por Joan Ortín Meneses | 25, Feb 2013
Transistores, microondas, el láser, los lectores de CD, el efecto fotoeléctrico de las puertas automáticas, y otros electrodomésticos con los que convivimos son producto de la mecánica cuántica.
La física cuántica es un conjunto de postulados y teorías que nos describe cómo se comportan las partículas fundamentales. Estas partículas fundamentales, que son las más pequeñas conocidas, muchísimo mas pequeñas que el átomo, que estaría compuesto de un núcleo, electrones, protones, neutrones, neutrinos, bosones, etc. Estas partículas, los cuantos, tienen un comportamiento extraordinario, casi mágico. Pueden tele-transportarse, atravesar paredes e incluso pueden estar en varios sitios a la vez. Todos estos fenómenos los describe y estudia la física cuántica.
Según la física cuántica, la realidad última no está determinada, no está bien definida. Las partículas fundamentales, pueden elegir múltiples direcciones en el mismo tiempo, estas facultades están descritas en lo que físicos llaman el principio de superposición.
Esta capacidad de los cuarks de estar en dos sitios a la vez o de moverse en direcciones opuestas al mismo tiempo, que nos describe la física cuántica queda definida en el mismo momento que prestamos atención a una de esas realidades.
Qué es lo que hace que la realidad se defina en el preciso instante en que la observamos a nivel microscópico, es la gran pregunta para la que aun no tienen respuesta los científicos.
Nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones están formadas por las mismas partículas fundamentales que el universo. Toda nuestra realidad, entorno, nuestras decisiones, objetivos, todo lo que sucede en cada instante está sometido a las leyes que la física cuántica está investigando.
Saber que si piensas en algo y pones tu atención en ese punto, puede llevar a determinar nuestra realidad, te hace ser responsable con tus pensamientos, actitudes y focalización. No pongamos el foco en lo que no deseamos, estaremos, de alguna forma materializándolo.
Pura física cuántica.
por Joan Ortín Meneses | 4, Dic 2012
Has decidido dar un paso, empezar tu nuevo proyecto, una nueva empresa, una transformación de tu vida, quizás un viaje inspirador, o simplemente un nuevo reto.
Lo comunicas con ilusión, vehemencia, y pasión a tu entorno, a tus seres queridos, amigos, familia. A tu clan, tu tribu. Es muy probable que no encuentres la respuesta que esperabas. Posiblemente, ellos lo vean un disparate, una falta de cordura. Si es así no te preocupes.
Compréndelo, ellos temen perderte, porque la tribu no puede permitirse perder a uno de sus integrantes, es la ley de la supervivencia que aún queda marcada en sus ancestros, en nuestros ancestros. Está escrito en nuestros genes que debemos permanecer unidos y todos a una, para crecer juntos, crear una tribu grande y unida para sobrevivir en un territorio muchas veces convulso, invadido. Pero los tiempos han cambiado, ahora nuestro trabajo, nuestro desarrollo pleno, nuestra misión, es un camino interior hacia un destino incierto, en el que la individualidad pesa más que el grupo.
Deberás comprender sus miedos iniciales, incluso sus boicoteos, lo hacen porque te quieren. Te quieren ver cerca de ellos y haciendo lo que hacen ellos. Es una reacción normal, y deberemos saber decir NO a sus frenos, y cortar el cordón umbilical para salir volando hacia nuestro futuro. No los culpes, trátalos con Amor.
por Joan Ortín Meneses | 21, Nov 2012
Durante millones de años el ser humano desarrolló su cerebro en un ambiente hostil, donde era acechado por incontables peligros: bichos, grandes carnívoros, guerras tribales, etc.
El cerebro de los primeros hombres tenía la capacidad de alertarle de los peligros que les rodeaban, de llamarles la atención ante cualquier posible señal que pudiera ocasionar un peligro en sus vidas. Del mismo modo, su cerebro aceptaba como normal las cosas que no eran peligrosas. Las cosas buenas no destacaban para sus cerebros, puesto que no atentaban contra su seguridad. Así ha sido desde que éramos monos hasta hoy día.
Posiblemente, aquellos monos, cuando veían una flor bonita, no se paraban a admirarla ni a reflexionar sobre la belleza, sino que miraban detrás para asegurarse que no había una serpiente que les mordiera. Lógicamente, y por suerte nuestro entorno habitual ya no es peligroso, pero nos ha quedado esa forma de pensar tan típica de nuestra especie.
Quizás por eso debemos comprender que siempre tenemos tendencia a ver lo negativo de las cosas, y cuesta tanto, a veces, ver lo positivo.
Esta es una posible explicación a nuestra manera pesimista de ver las cosas. Yo no estuve en aquellas épocas para corroborarlo.