La vida que habita tu cuerpo lo hace para sentir aquello que, como ser espiritual, no puede. Necesita de un cuerpo material para experimentar lo que, como energía inmaterial, le es imposible. En esencia tu eres eso. Por eso: siente. Siente la vida. Siente lo que perciben tus sentidos, realiza tu propósito más profundo, aquello que en esencia eres. Siente la brisa en tu cabello. Siente las olas como acarician tus pies. Siente el dolor de perder algo, pero no sufras. Tu esencia no ha perdido nada, en todo caso lo ha hecho tu personaje, tu cuerpo y tu mente (el vehículo), pero no tu esencia (el chófer).

Siente la vida como se expresa a través tuyo. Un día dejarás este cuerpo, para seguir viviendo sin él. Y ya no podrás sentir. Ahora pues, siente. No te niegues a sentir, tampoco sufras porque sientes, y presta atención a cómo sientes. Siente la rabia, también surge de ti, mira como sientes ése ardor, como se aceleran tus pulsaciones y como respiras cuando la sientes. Siéntela y observa, pero luego déjala ir. Ya te ha hecho sentir, es su función.

Disfruta del placer de vivir y sentir. Que nada ni nadie te quite lo que te apetece sentir. Siente cuando comes carne, y cuando no, siente cuando meditas y cuando no. No eres peor, no te compares con otros, no te culpes si tu personaje no es tan espiritual como el personaje de los demás. Pero si sientes culpa, pues siéntela, mírala de frente para darte cuenta que no es de tu esencia, si no que la tienes en tu mente, no en ti.

Siente la vida pero despréndete del sufrir, siente el dolor pero no te aferres a él. Tu esencia solo quiere sentirlo, no llevárselo, no quedarse con el. Del mismo modo que siente el sabor de la canela sin llevarse toda la rama. Sólo siente. Siente la esencia que mora en ti, la vida que se expresa en tu cuerpo, en lo que te acaece, sin acumular, ni llevarte, ni apegarte a eso que te hace sentir para seguir sintiendo.

No vivas en la memoria de sentir sino siente sin más. Siente el amor, siente el frescor y también el cálido confort. Siéntelo pero no te lo lleves. Siente el dolor, siente el desánimo, también la decepción pero no es tuya. Déjala. No te aferres, sólo siente y aprovecha tu cuerpo y tu mente para observar cómo sientes, pero suéltalo.

Siente sin sufrir por lo que aún has de sentir. Sólo siente. Ahora.

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